Bernardo Elenes Habas

Se mostró desesperado Rodrigo Bours, ante la conciencia del auditorio de TvPacífico, cuando, en un acto irreflexivo, buscó llevar al callejón de las reyertas al militante priísta, Emeterio Ochoa.

Esto sucedió el jueves anterior, en debate organizado por la mencionada televisora con los candidatos a la alcaldía de Cajeme, Sergio Pablo Mariscal, de Morena; Gustavo Almada, Movimiento Ciudadano; Rafael Delgadillo, PAN; Miguel Ángel Salomón, MAS; Rodrigo Bours, Independiente y Emeterio Ochoa, PRI.

Lástima grande. Porque al mostrar su actitud rijosa, Rodrigo, más que enseñar sus fortalezas, exhibió sus debilidades. Lo que, en un análisis formal, deja claros los flancos que le duelen y con quién le duelen.

Con sus desplantes, el candidato independiente, está reconociendo tácitamente que su enemigo a vencer no es inmaduro, pese a su juventud; por ello trató de doblegarlo a través de una mal diseñada estrategia mediática, intentando exponerlo a la crítica insana. Pero le resultó contraproducente, porque el flagelado fue él, y de paso dejó en entredicho la capacidad operativa de sus asesores, quienes, con esquemas tan torpes y ciegos, lo conducen a la derrota implacable.

¿Quién puede negar que el mismo Bours Castelo, con su actitud agresiva, provocó las reacciones contundentes que le endilgara en pleno rostro, de frente y sin agachar la mirada – como dijo el priísta-, Ochoa Bazúa?

El equipo boursista no midió las respuestas que podrían salir de su contraparte, más cuando éste es un cajemense que posee juventud y proviene de la cultura del esfuerzo, con trayectoria de trabajo demostrada y no es heredero de millones de dólares.

A pesar de su voluntarismo, Rodrigo no está hecho para el debate. Emeterio sí. No pudiendo humillarlo como pretendía, porque el priísta le demostró algo que el acaudalado empresario no esperaba que le dijera un hijo del pueblo, al que representó con sus palabras claras y precisas (como si se tratase de las voces de miles de trabajadores y de familias humildes, brotando directas, claras y sin temores), diciéndole, en el interrogatorio policiaco al que lo sometió Bours, su sueldo obtenido hasta marzo siendo diputado, aclarando el hecho de no poseer vivienda porque ocupa la de la familia de su esposa, y la forma en que los negocios emprendidos funcionan en sociedad con familiares y utilizando créditos bancarios, sabedor de los apuros que se sufren para ganar dinero con trabajo, no por heredad ni linaje.

Abrió, pues, Rodrigo Bours Castelo, sin proponérselo, el antiguo baúl donde se creía dormían olvidadas las viejas proclamas de la lucha de clases, y cayó en su propia telaraña. Porque terminó perdiendo.

Con esas actitudes intolerantes y de manifiesta prepotencia, se le está diluyendo al menor de los Bours, la oportunidad de convertirse en alcalde a partir del 1 de julio. Y quienes deben sentirse felices, son, Gustavo Almada, Sergio Pablo Mariscal, Rafael Delgadillo, Miguel Ángel Salomón y el mismo Emeterio, porque Rodrigo, temerariamente, dinamita los puentes que había construido con el pueblo.

Le saludo, lector.