Bernardo Elenes Habas
(Envío, desde esta trinchera de letras, mi solidaridad de amigo a Javier y Sergio Lamarque Cano, ante la muerte de su señora mamá. Sé, el difícil y doloroso camino que se tiene que transitar cuando los padres se despiden y sólo dejan la maravillosa herencia de su recuerdo, su amor, sus enseñanzas, que inevitablemente llenan de nostalgia. Un abrazo sencillo y emocionado).
Hay partidos políticos que sufrieron serias heridas, durante el reciente proceso electoral. El PRI, PRD, MC y el mismo PAN, aunque se ostente como segunda fuerza electoral, pero muy lejana del primer lugar.
Todos ellos, pese al recuento que hacen sus operadores, quedaron distantes de las marcas impuestas por Morena, organismo que vive, desde ahora, el predicamento de la responsabilidad histórica que contrajo, porque pasa de ser oposición agresiva y beligerante –aunque aún no lo digiera-, para colocarse en el centro sensible receptor de reclamos, cuando las políticas públicas y ejercicio de gobierno brotados de sus siglas, incumplan el catálogo de promesas y compromisos contraídos durante su búsqueda del poder.
Será inevitable que enfrenten esa realidad –Morena y Gobierno-, ante una sociedad despierta e informada, que hará sentir sus reclamos cuando perciban que las cosas no marchan como debieran, o como se las ofertaron.
Pero aunado a posibles protestas y reclamos legítimos que surjan del sentimiento popular, estarán presentes, también, las acciones concertadas por enemigos agazapados, los que no dudarán ni les temblará la conciencia para desestabilizar, desprestigiar, contrastar las caras de la realidad ante hechos inevitables que tendrán que surgir como consecuencia del ejercicio de gobierno, o como resultado siniestro de trampas colocadas en los entramados públicos, sociales, humanos.
Morena y el próximo gobierno de la República que encabezará Andrés Manuel López Obrador, no se deslizará sobre los rieles de las conveniencias priístas pactadas, como lo hiciera el PAN con Vicente Fox y Felipe Calderón, en el 2000 y 2006. Al menos así se percibe.
Pero esa forma de actuar, marcando distancia con los grupos de poder que se consideran propietarios del país, obligarán al nuevo gobierno a dejar, en su ejercicio cotidiano, heridas, resistencias, inconformidades, reclamos, que tendrán que aceptarse y responderse en tiempo y forma, porque existe la obligación constitucional de que el tejido gubernamental –teóricamente- es de todos y para todos, con pluralidad sustantiva. Sin exclusividades ni segmentos privilegiados.
Y ese comportamiento emanado del núcleo del sistema, permeará de arriba hacia abajo en los Estados, en los parlamentos locales, presidencias municipales, cuerpos colegiados de cabildo, porque está fundamentado en el texto constitucional; de tal manera que la voluntad de las mayorías se tendrá que acatar, para no raspar, siquiera, los extremos nefastos de las dictaduras.
No será fácil lo que viene para un gobierno que pretende ser distinto sobre cimientos arcaicos, y que no posee, de momento, una estructura partidaria organizada y formal, que a través de una correlación de clases, avance, convirtiéndose en arma poderosa capaz de transformar conscientemente la realidad.
Porque la defensa de una verdadera transformación no se podrá hacer con gritos, marchas, plantones. Sino bajo la luz de la inteligencia, de la Constitución, generando cuadros ideológicamente preparados. Con disposición racional de militantes capaces de confrontar y defender en debates civilizados sus ideas y derechos, sin mostrar los signos desesperados de la intolerancia.
Se abre, pues, un camino largo y nada fácil para el gobierno electo, el que deberá comenzar a transitar desde ahora, convirtiendo las raíces de su Movimiento de Regeneración en partido, sobre el que se apoye el proyecto republicano planteado por AMLO; educando a la población en el espíritu de la justicia social, partiendo de la premisa de que si alguien no logra transformar y compartir primero sus convicciones de lucha, sus principios y fundamentos ideológicos, sus objetivos esenciales, trazando su línea de acción desde lo particular a lo general, no tendrá, jamás, los elementos para transformar al país. Menos cuando los caminos estarán saturados de obstáculos.
La prueba será de fuego. Recordemos a Juárez, Madero y Cárdenas.
Le saludo, lector.