Bernardo Elenes Habas
No solamente el PRI fue empujado, debido a los comportamientos retorcidos de muchos de sus líderes y representantes populares por sus travesías detentadoras del poder público en el país, al abismo del desprestigio y desprecio electoral el 1 de julio de 2018.
Por similar filo de la navaja caminan deshechos, el PAN, PRD, MC, y el fallido experimento de candidatos independientes.
No obstante, los más notorios ante esa crisis terminal, por su antigüedad, protagonismo en las coordenadas del tiempo, son PRI y PAN.
El resquebrajamiento del PRD, se constituía ya en crónica anunciada. Partido de izquierda al que devoraron sus tribus. Y, por supuesto, la forma en que perdieron horizonte y camino sus otrora líderes más preclaros, comprometidos con la historia desde su juventud indomable, como es el caso de Jesús Zambrano Grijalva, quien disolvió en el ácido de las traiciones su legítimo pasado guerrillero, prestándose, al saborear las mieles del dinero, a acciones como el Pacto por México, sólo por mencionar un referente perverso.
El PAN, cayó por si solo de su pedestal de pureza ideológica conservadora. Abandonando los objetivos doctrinarios heredados por Manuel Gómez Morín y reafirmados con la claridad de pensamiento del ideólogo Carlos Castillo Peraza. Sus nuevos dirigentes se deslumbraron con las luces del poder, llama en la que sucumbieron sus líderes como mariposas nocturnas, buscando acumular riqueza.
Así sucedió con Guillermo Padrés en Sonora (2009-2015). Y con Ricardo Anaya Cortés, ex candidato a la presidencia de la República, desbordando capacidad e inteligencia sí, pero con la visión enfermiza de construirse un ambicioso presente, un inconmensurable futuro, acompañado por dos sonorenses, inoculados por la misma bacteria: Damián Zepeda y David Galván.
Hoy, en el PRI, se habla de refundación. O quizás, volver a construir una nueva estructura política.
Lo ha dicho, con insistencia, Claudia Ruiz Massieu, dirigente nacional de dicho instituto. Lo viene manifestando Manlio Fabio Beltrones, quien avizora una mínima luz de esperanza para el futuro de su partido, sin mentiras ni ambiciones; reconociendo que la simulación, desigualdad y privilegios, destruyeron los puentes sobre los que, tradicionalmente, transitaban los triunfos repetidos del octogenario instituto.
Pero evidentemente ellos (Claudia y Manlio), como otros priístas nacidos y forjados en los moldes del sistema, del desbordante poder tricolor, tienen ciertas las causas del hundimiento de su partido; pero carecen de una visión desinteresada, fría y realista que les permita la concepción de otro organismo, otra catedral ideológica que ponga en movimiento a las nuevas generaciones de ciudadanas y ciudadanos, pero sin contaminaciones, es decir, sin ellos. Sin la nomenklatura causante de la agonía, del estado terminal al que condujeron a su partido.
Por principio de cuentas deberán aceptar su realidad. Son las premisas que brotan en pláticas con priístas y no priístas, las que se acumulan en mi libreta.
Convertir dicha nomenklatura en un congreso constituyente para el forjamiento de otro, diferente instituto político. Con nueva declaración de principios. Con bases fundamentadas en las grandes mayorías de mexicanos. Sin las figuras arrogantes de los caciques. Sin los vicios repetidos que construyeron abismos, en los que nunca creyeron que un día caerían.
¿Se atreverán a demoler la vieja arquitectura ideológica construida y alentada por Plutarco Elías Calles, en 1929, para darle paso a nuevos cimientos; forjar los pilares sustantivos de sólidos documentos básicos y una vigorosa declaración de principios comprometida con la historia, con la realidad palpable y extrema del país, de su gente pobre que, ha padecido gobiernos ricos; se comprometerán a forjar flamantes cuadros, con sangre y rostros inéditos?
¿Querrán, los nombres, los rostros de quienes fueron figuras relevantes de un priísmo ahora decrépito y en desgracia, inmolarse públicamente, beber la cicuta que permita acabar con valladares, rompeolas, para concebir un diferente y legítimo partido, capaz de construir paso a paso los caminos hacia el poder plural y colectivo, en el que pueda confiar la ciudadanía?
Por el momento, lo único cierto es que los priístas viven una encrucijada, porque sus prohombres, su tejido vital más experimentado, está, sí, en posición de construir un original partido. Pero para lograr que sea aceptado por la misma ciudadanía que lo repudió por sexenios y cuya memoria es indeleble, tendrían que renunciar a operarlo desde los castillos del poder y aceptar en los hechos, de pie ante el juicio de la historia, entregarlo a las nuevas generaciones.
Quizás deberán partir de una premisa forjada por el sonorense Elías Calles, al darle el soplo de vida al PNR, hace 89 años: Pasar de la etapa de los hombres únicos y providenciales, a la de las instituciones.
Le saludo, lector.