Bernardo Elenes Habas
Es ya, diputado local propietario, por el principio de representación proporcional, el cajemense Rogelio Díaz Brown.
Recibió la importante constancia de manos de Guadalupe Taddei Zavala, consejera presidenta del Instituto Estatal Electoral.
Se sumará, pues, al parlamento local a partir del 16 de septiembre, “para trabajar por Sonora, fortaleciendo iniciativas que sirvan de forma y fondo a la gente”, como nos comentó al periodista Marco Antonio Palma y a mí, cuando compartimos alimentos, con él y Emeterio Ochoa, hace unos días.
Desde luego que la bancada del PRI, reducida a su mínima expresión por razones electorales, tendrá que actuar con inteligencia, congruencia y sensibilidad social.
Porque, a pesar de que serán pocos, sus voces y propuestas tendrán la fortaleza de la experiencia, con la suma de Armando Alcalá, Rosa Isela Martínez Espinoza, Nitzia Corina Gradias Ahumada, quienes estarán obligados a dejar en el pasado los escombros que malos políticos heredaron a su partido, haciéndolo sucumbir ante una ciudadanía lastimada en sus legítimos anhelos de mejores niveles de vida, vamos, de verdadera justicia social.
En Rogelio se conjuga un bien definido perfil de servicio. Trato humano. Y una actitud revestida de humildad para entender y hacer suyas las demandas de la gente.
Lo ha demostrado durante su trayecto como servidor público: Regidor, diputado local, diputado federal, alcalde de Cajeme, secretario de Desarrollo Social durante el primer tramo de la administración gubernamental de Claudia Pavlovich, cargo que le permitió vivir muy de cerca los problemas de pobreza y abandono propiciados por el sexenio del panista Guillermo Padrés, en diferentes comunidades de la geografía estatal.
Ahí, atendiendo esas circunstancias difíciles, estuvo El Roger. Siempre solidario con la gente. Impulsando programas de asistencia social, salud, vivienda. Apoyando sin cortapisas a adultos mayores, personas con discapacidad, heroicas madres jefas de familia.
Hoy, él y sus compañeros de bancada, apremiados por las circunstancias y la historia, deberán enfrentar un reto de grandes proporciones:
Servir a los sonorenses sin distingos. Aportar esfuerzos para rescatar las siglas heridas de su partido. Sumar voluntades con la estructura sustantiva del Congreso, cuando las iniciativas y promulgación de leyes sean para bien común, y no para cumplir caprichos futuristas de grupos.
Tiene, Rogelio, capacidad de diálogo. Es conciliador. Sabe lo que Sonora requiere en esta hora y en el tiempo que viene, porque recorrió, desde la estructura de Sedesson, palmo a palmo valles, sierra, desierto, ciudades, pueblos entristecidos por el olvido.
Su experiencia en el parlamento local, junto a la mayoría de legisladores, tendrá que ser para bien de la Entidad; que es, al final de cuentas, más allá de ideologías, el sueño de todo sonorense bien nacido.
Le saludo, lector.