Bernardo Elenes Habas
Un viento cargado de odio, recorre los caminos de México.
Sus proporciones, a veces no se perciben con claridad, porque los sentimientos mezclados de ira, dolor y sed de justicia, subyacen en los rostros impasibles de hombres y mujeres, quienes guardan en sus adentros narrativas terribles, de las formas en que fueron torturados y asesinados sus hijos, sus hermanos, sus padres, conformando en las memorias un horizonte rojo, de sangre derramada.
Aquí mismo, en Ciudad Obregón, se está viviendo el estremecimiento y la impotencia, ante el asesinato de un joven estudiante conductor de un Uber, Alexis. Cuya muerte inconcebible para sus familiares, sus amigos y la sociedad misma, no podría ser sometida al perdón y olvido.
Andrés Manuel López Obrador y Alfonso Durazo, futuro secretario de Seguridad Pública en el país, se han dado a la tarea de promover en los rincones más álgidos y ensangrentados de la patria, los Foros de Pacificación.
En esos encuentros donde las heridas vuelven a sangrar, acuchilladas por los recuerdos, han encontrado AMLO y Durazo resistencia, porque las mujeres agobiadas por la incertidumbre y la remembranza de sus muertos; hombres endurecidos que sienten les recorre las venas sentimientos de venganza, no aceptan la premisa de perdón y olvido, para que la paz, la tranquilidad prevalezcan en el alma de los pueblos.
Cierto, en Ciudad Juárez, ante los cuestionamientos de quienes fueron y son víctimas de la barbarie, al negarse a aceptar los planteamientos de pacificación, López Obrador tuvo que enfatizar que no habrá olvido porque se hará justicia, aunque pidió se aceptara la alternativa del perdón.
En Morelia, Michoacán, tierra caliente donde brotaron, en los momentos más álgidos del avasallamiento de la delincuencia organizada, los grupos de autodefensa populares, debido a que el gobierno de Enrique Peña Nieto demostraba y demuestra incapacidad para detener la oleada de sangre que golpea a México, el sonorense Alfonso Durazo, quien presidió las reuniones junto con la futura estructura de Seguridad Pública, fue increpado duramente por los ex líderes de autodefensas, Antonio Mireles e Hipólito Mora, señalando el primero que “estos foros son charlatanería y política”; y Mora, manteniendo su postura de no otorgar el perdón a los asesinos.
Tendrán que medir López Obrador y Durazo Montaño, la realidad de los cónclaves que realizan para sembrar la semilla de la pacificación, y no confundir que la asistencia profusa a los mismos representa la aceptación del proyecto que promueven. Deberán ir más a fondo, quizás personalizando opiniones. Recogiendo el sentimiento hondo de gente herida por el crimen incontrolable. Conociendo de viva voz, si hay voluntad para el perdón, y si realmente existen las condiciones objetivas y subjetivas para que éste prevalezca.
Porque tal vez, al conocer la esencia de la verdad popular, tendrán que decidirse a eliminar el concepto hasta ahora irrenunciable de “perdón sí, olvido no”, como comienzan a exigirle desde los núcleos vivos de las familias víctimas.
Se abre, pues, una encrucijada para la trayectoria humanista de López Obrador, quien, en algún momento de su devenir político y social tendrá que recapitular sobre la esencia de sus proyectos enfocados a servirle a la gente, no solamente en los grandes problemas económicos salpicados de corrupción, sino en la esencia sustantiva de la justicia social, y en un tema que huele a heridas abiertas, a sangre inocente sacrificada, como los 43 muchachos de Ayotzinapa. Como el caso Tlatlaya, Como las fosas clandestinas que convierten en un cementerio impredecible a la nación. Como la muerte del Joven Uber. Como tantos expedientes intocados, cuya justificación se delimita a una verdad histórica cínica.
Quizás AMLO y Durazo, tendrán que valorar muchos puntos de vista. Múltiples sentimientos lesionados. Abrir la alternativa de un primer plebiscito, más allá de foros que no registran toda la verdad y la impotencia del sentimiento popular, para recoger proyectos, ideas, formas de combate a la barbarie, más allá de frases doctrinarias como “perdón sí, olvido no”.
Le saludo, lector.