Bernardo Elenes Habas
En Ciudad Obregón, durante 23 años, el Museo de los Yaquis dejó testimonio de la portentosa raíz yoreme en la conciencia de los cajemenses.
Fue el gobernador Samuel Ocaña García (1979-1985), quien lo fundó e inauguró, el 2 de agosto de 1985.
Ese acto de gobierno, se constituyó en tributo de admiración a la tribu que por casi 500 años ha luchado por la libertad y preservación de sus costumbres, idioma, tradiciones. Leyes de sangre en las que prevalece su concepción mágica de la vida, amalgamada con las enseñanzas religiosas que los jesuitas les inculcaron, cuando el capitán español de las brigadas invasoras de Hernán Cortés, Diego de Guzmán, en 1533, no pudo penetrar más allá del Yaquimí, topándose con la bravura y las flechas indígenas. Y 74 años después, otro ibérico, Diego Martínez de Hurdaide, miraría sucumbir su honor militar, sin poder derrotar a los habitantes de las riberas del Jiak Batwe (río Yaqui).
Legado de Samuel Ocaña
Unido a la fundación del Museo, mismo que se ubicó por más de dos décadas en la planta baja del edificio de la Biblioteca Pública “Jesús Corral Ruiz”, la Administración Pública de Ocaña García, propició la edición de libros espléndidos al alcance de las clases populares, como Triunfos de Nuestra Santa Fe, de Andrés Pérez de Ribas, jesuita quien (junto con Tomás Basilio) se constituyó en uno de los primeros españoles que penetró a la Nación Yoreme, con la cruz y no con la espada. Más de cincuenta títulos fueron los editados por el gobierno de Ocaña García, mismos que robustecieron el acervo cultural de los sonorenses, aunado a la fundación de varios museos, como el que brotó como sahuaro solitario en el centro de Ciudad Obregón; o bien, el de Los Seris en Bahía de Kino, el de La Lucha Obrera, en Cananea.
En el Decreto No. 273 que crea el Museo de los Yaquis, se lee en la exposición de motivos, que es de alta prioridad el reforzamiento de nuestros valores de identidad. Que el patrimonio cultural aportado por los pueblos autóctonos de México es factor esencial de nuestro nacionalismo. Que los pueblos yaquis, desde los tiempos de la colonización española hasta las primeras décadas del presente siglo, defendieron valerosa y estoicamente la integridad e independencia de su Nación, resistiendo persecuciones, destierros y guerras de exterminio, lo que les ha valido ser considerados como uno de los grupos originarios más irreductibles en México.
El decreto salió publicado en el Boletín Oficial el 2 de agosto de 1985.
Rescatando tradiciones
Desde el nacimiento del Museo, su directora fue la profesora Herma Sánchez de Rodríguez, quien desarrolló labor positiva y de difusión constante del legado de ese espacio, que en sí, se constituyó en ramada solariega que preservó la historia, costumbres y tradiciones yaquis, mientras funcionó en la Biblioteca.
Trasponer las puertas de esa importante sala donde se distribuían una serie de piezas, pinturas, fotografías, documentos, vestidos, era entrar a otro mundo.
Era ser tocado por el relámpago de libertad yoreme. Sentir que se abrían los caminos del Bacatete para encontrarse de frente con ceremoniales sagrados de los Guerreros Coyote, quienes despojándose de egoísmos y miserias humanas, juraban vigilar y defender el valor más legítimo de la tribu: su nación, su raza, sus costumbres, su religión, su idioma.
La muestra era completa. Se definía la vivienda construida con troncos de árbol, carrizo y barro, orientada hacia donde sale el sol, sin puertas y con la sobriedad de quien desconoce lujos y confort y reconoce el amor de la naturaleza. Bajo esa ramada y ante la mesa de madera con lámpara de petróleo, me senté para la foto de Javier Ceja.
Estaban ahí, réplicas de los bastones de mando que en su momento (cada seis de enero), les son entregados a los cobanahum (gobernadores), para que guíen a sus pueblos (Vícam, Pótam, Tórim, Huírivis, Rahum, Beene, Cócorit y Bácum) no solamente en la búsqueda del progreso material necesario, sino en el fortalecimiento espiritual, preservando el agua del río, la tierra de las praderas, y el símbolo de independencia del Bacatete altivo.
Museo sembrador de historia
La profesora Herma Sánchez, educadora de bien merecido prestigio entre varias generaciones de cajemenses en la demolida secundaria José Rafael Campoy, me comentaba, cuando acudía a visitarla en sus oficinas, que no solamente se mantenían las muestras museográficas en el espacio asignado por decreto del Gobierno del Estado, sino que se fortalecían las tradiciones más señeras de la tribu entre la niñez y la juventud, porque “es imprescindible que cada ciudadano conozca sus raíces, sepa de su historia, de sus pobladores y de los hechos trascendentes que fortalecen su solar nativo”.
Así, el museo promovía tres importantes actividades al año: el culto a los muertos, que con especial pasión llevan a cabo cada 1 y 2 de noviembre los yaquis en sus pueblos de origen, difusión que se daba convocando a las escuelas para la elaboración de “tapancos”, y al mismo tiempo se explicaba sobre el comportamiento de las familias yaquis, sus cantos silvestres y sus oraciones funerarias ante las tumbas de sus seres queridos.
La construcción de maquetas referentes a la vida, historia, costumbres yoremes, entre alumnos de nivel básico.
Asimismo, el concurso de confección de piñatas con cualquiera de los temas yaquis, exceptuando los chapayekas, por el carácter religioso que tienen entre los pueblos de la etnia.
Amplia afluencia de estudiantes
La afluencia más dinámica para el Museo, la constituían niños y jóvenes estudiantes.
Ellos llenaban con sus anhelos de aprender, esas áreas durante temporada de clases. debiendo de pagar 1 peso con 50 centavos, y 3 pesos los adultos, en horario corrido de 8:00 a 18:00 horas, de lunes a viernes.
Promovieron reubicarlo
En 1997, cuando el Museo tenías 12 años funcionando en el edificio de la Biblioteca, comenzó a promoverse una corriente política pugnando sacar al Museo del espacio que ocupaba, proponiendo su traslado a la comisaría de Cócorit.
Pero su salida no se justificaba, porque se encontraba en el sitio exacto en que servía a la comunidad, esencialmente a las nuevas generaciones.
Escribí, en ese tiempo, que lo apremiante y necesario era la creación de un nuevo Museo, el del nacimiento, fundación y desarrollo del Municipio de Cajeme, para que reflejara hechos y recuerdos sobre la memoria primigenia de la comunidad, esencialmente su cabecera, Ciudad Obregón.
23 años funcionó en la ciudad
Solamente 23 años funcionó en la ciudad el Museo de los Yaquis, creado en 1985. Finalmente -2008-, fue trasladado a Cócorit, instalándose en una señorial casa llena de historia, que originalmente perteneció a la familia Esquer Terminel, donde cumple con la noble misión de constituirse en semilla y flor de la legendaria Tribu Yaqui.