Bernardo Elenes Habas
En 1976, Cajeme entraba al umbral de su primer cincuentenario como municipio. Lo cumpliría al año siguiente.
Era alcalde el doctor Oscar Russo Vogel (1976-1979), y la ciudad crecía hacia el sur y el poniente, cercenándole terrenos de siembra al Valle del Yaqui, porque el proyecto del Presidente Municipal, en el sentido de que el polo de desarrollo se encauzara con rumbo oriente, donde asoman su soledad los cerros vigías de Cajeme, nadie lo atendía.
El doctor Russo, con su formación sindicalista –había sido secretario general de la Sección XIII del Sindicato de Trabajadores del Seguro Social-, tenía cierto que para instituir niveles de gobierno y otorgar responsabilidades a funcionarios públicos, había que escuchar las voces y las decisiones de la gente.
Por eso instruyó al secretario del recién formado Ayuntamiento, Conrado Schraidt (con quien, al paso de los primeros meses tuvo controversias, lo que motivó que éste renunciara al cargo, siendo relevado por la profesora Silvia Ceballos Muñoz), al síndico municipal Sóstenes Valenzuela Miller, y buscó el acuerdo del cuerpo de regidores, entre ellos Rafael Ángel Fierros Martínez, Francisco Villanueva Castelo, Carlos Esquer Castro, Martín Hernández Vázquez, Nemesio Parra Acuña, Alfonso Gutiérrez Ayala, José Isabel Mexía Ramírez, para que la designación de comisarios en Cócorit, Esperanza, Pueblo Yaqui, Providencia y Marte R. Gómez-Tobarito, lo hicieran los habitantes de dichas comunidades, mediante plebiscito.
Y, así se hizo.
En tan agotadoras tareas se dejó sentir la capacidad de comunicación con las familias del medio rural por parte de Gaspar Juárez López –Gasparillo-, adscrito al área de Sindicatura; y por supuesto, del edil Martín Hernández Vázquez, líder de la CTS-CROC; Nemesio Parra Acuña, Francisco Villanueva Salazar (El Palillo viejo), y de Sóstenes Valenzuela Miller, quienes le daban vigencia a las encuestas casa por casa.
De esa manera se sembró la inicial semilla encaminada a democratizar el proceso –siempre problemático y apasionado- para definir autoridades en comisarías y delegaciones.
Adalberto Rosas, elecciones
En la administración municipal siguiente (1979-1982), lograda por el PAN a fuerza de sufragios debido al arrastre popular de Adalberto Rosas López (un líder nato con formación ideológica de izquierda, incrustado en el conservadurismo azul), quien abrió por primera vez la alternativa de que los comisarios fueran nombrados por el sustento de los votos emitidos por habitantes de dichos espacios rurales.
Raúl Ayala, llamó a votar
Tuvieron que transcurrir 18 años, para que la figura de elecciones directas se repitiera en el Valle del Yaqui. Esta vez con el alcalde priísta Raúl Ayala Candelas (1994-1997), sacando adelante el propósito popular, aunque con las inconformidades y apasionamientos de habitantes de Cócorit, Esperanza, y Pueblo Yaqui, principalmente.
El ejercicio administrativo de Ayala Candelas fue relevado por el entonces perredista Javier Lamarque Cano (1997-2000), quien reafirmó la alternativa de darle voz y rostro a la ciudadanía del medio rural para que trazara el rumbo de sus comunidades. También dejó historia al haber dado apertura a las sesiones de Cabildo, las que tradicionalmente se realizaban a puertas cerradas, sólo entre autoridades. Desde esa administración se permite la presencia de la ciudadanía y de los medios de comunicación en asambleas de regidores, sin voz ni voto.
Los presidentes municipales siguientes, Ricardo Bours Castelo, Jesús Félix Holguín, Francisco Villanueva Salazar, Manolo Barro Borgaro, Rogelio Díaz Brown, Faustino Félix Chávez, ejercieron, en un lapso de 18 años, la facultad que les confiere la ley de elegir por ellos mismos, comisarios y delegados.
Mariscal retoma la democracia
A 21 años de que Javier Lamarque reafirmara el trazo de la democracia, dibujado someramente hace 42 años a través de un plebiscito por Oscar Russo, y luego reforzado de acuerdo a tiempos y circunstancias, dándole vida al sufragio campesino por Adalberto Rosas y Raúl Ayala, le ha correspondido hacer historia, retomando el hilo de elecciones comunitarias al actual presidente municipal, Sergio Pablo Mariscal Alvarado (2018-2021), evento realizado el domingo 14 de octubre, con amplios resultados positivos.
En sesión de Cabildo (16 de octubre), al solicitar Mariscal Alvarado al cuerpo edilicio su votación para validar o denegar la legitimidad del proceso, obtuvo 19 votos a favor, incluyendo a las bancadas de oposición; solamente hubo dos abstenciones de los regidores Rosendo Arrayales y Guadalupe Ochoa, quienes, curiosamente fueron en campaña, parte de la coalición “Juntos haremos historia” de Morena.
Emeterio, alista propuesta
Esta búsqueda irrenunciable de hombres y mujeres para que la democracia, la transparencia, la inclusión y el respeto, sean parte de la voz y de los sueños ciudadanos, pese a todo, no se ha concretado. Porque algunos presidentes municipales la aceptan y otros la relegan. Como lo demuestra la historia reciente.
Por eso se vuelve imprescindible que las costumbres positivas, luminosas, se conviertan en leyes, como debería ser el lejano sueño con casi 50 años de vida que navega en la memoria y en los anhelos de los habitantes del Valle del Yaqui, de la región serrana, en el sentido de que se convierta en realidad -a través de las leyes-, que por siempre sean ellos quienes, convocados por los Ayuntamientos en turno, elijan con sus votos, sus conocimientos de causa, sus deseos de progreso, a aquellos que deberán de ser cada tres años sus comisarios, sus delegados.
Esa disposición que anida en la visión de futuro de hombres, mujeres y jóvenes de comunidades rurales, fue captada, durante el reciente proceso electivo, por el regidor Emeterio Ochoa Bazúa, quien se dispone a preparar una iniciativa que posiblemente sea aprobada por el Cabildo, para trasvasarla luego al Congreso Local y se realicen las reformas conducentes a reglamentos y leyes y se consolide, de esta forma, que en el futuro, en Cajeme y en Sonora, los habitantes de comisarías y delegaciones propongan y validen con sus votos a sus autoridades, en proceso coordinado por los Ayuntamientos y sus cabildos.
Si se logra, será evidente y para la historia, que en la Comuna que preside Mariscal Alvarado, hay un joven regidor de oposición dispuesto a sumar su esfuerzo y su experiencia sin pasiones ideológicas, a favor del Municipio donde nació, y por supuesto de Sonora.