Bernardo Elenes Habas
Sí les está haciendo falta a los nuevos funcionarios y representantes populares que se hicieron cargo de la conducción de ayuntamientos y de la búsqueda de equilibrio democrático en los parlamentos locales, especialmente de Sonora, sentido de justicia, capacidad de discernimiento y humildad.
Tal vez el comportamiento revisionista que algunos de ellos manifiestan, se debe a que carecen de una verdadera formación partidista que les permita organizarse interiormente, y luego trascender hacia la sociedad, que por un accidente socio-político les ha tocado dirigir.
Indudablemente que carecen de partido, porque Morena es un movimiento social, sin la fundamentación filosófica y la estructura ideológica que un organismo político debe poseer fundamentado en sus documentos básicos, su declaración de principios, sus estatutos, su formación de cuadros y liderazgos avanzados, capaces de organizar a su clase y dirigirla.
En referencia a los Ayuntamientos –Cajeme no es la excepción-, lastimosamente han comenzado, en algunos casos, aplicando purgas a empleados con antigüedad y con base, quienes, a pesar de su responsabilidad profesional, demostrando con sus hojas de servicio que trabajan para la comunidad en general, sin obediencia de siglas, colores y menos cacicazgos políticos, son puestos a disposición -que en sí es una ofensa laboral-, con la incertidumbre de ser dados de baja.
Ese tipo de acciones, por supuesto, habla mal de estructuras gubernamentales supuestamente fundamentadas en la pluralidad, en el bien común, en la búsqueda irrenunciable de acabar con autoritarismos, corrupción, injusticias.
Quizás no se han dado cuenta, quienes así actúan, que el enemigo de Morena, no se encuentra en la estructura de trabajadores, quienes cumplen con responsabilidad sus cometidos, sin fanatismos partidistas o ideológicos, y que ya estaban ahí, con antigüedad y eficiencia probada, con la visión clara de ciudadanos honestos que le han servido y quieren seguir haciéndolo a su comunidad, desde empleos modestos donde, prácticamente han hecho carrera de servicio público, además de cumplir como jefes y jefas de familia en el tejido social.
Tal vez, algún día, esos funcionarios que consideran como gerencias las dependencias que dirigirán solamente por tres años y que coordinan, ahora, como si fuesen de su propiedad, puedan descubrir que al verdadero adversario lo tienen en Morena, y son ellos mismos; porque desconocen las fundamentaciones sociales y humanas de la organización que debe prevalecer en las estructuras de empleados y trabajadores, a quienes en lugar de hostigarlos y expoliarlos, bien podrían encaminarlos, capacitarlos, motivarlos para que sean parte de la transformación de una nueva sociedad.
Pero esos sentimientos y comportamientos subjetivos, no los entienden muchos de los flamantes servidores públicos, quienes, quizás por primera vez tienen la alternativa de mando en sus manos, y sólo piensan, cegados por un efímero poder, ejercerlo, sin alcanzar a comprender que dañan a la institución a la que representan y dejan entrever, de paso, que carecen de los principios fundamentales que dictan las ideologías progresistas -como la que practica y anuncia que pondrá en marcha a partir del 1 de diciembre Andrés Manuel López Obrador-, y que sus comportamientos no son diferentes a los de aquellos que criticaban antes de acceder al poder.
Me golpea la decepción…
Le saludo, lector.