Bernardo Elenes Habas
(Un abrazo solidario y lleno de cariño para mis amigos de toda la vida y compañeros de andanzas periodísticas, Miguel Ángel, Triny, Jomby, Daniel, Abel hijo, y demás familia que brotó de la raíz Morales-Machado, ante la irreparable ausencia de doña Chayito, mujer de pueblo y de madera noble. Que en paz descanse).
Aquellos que se quedaron en el caudal de la vida a la mitad del camino, con la impotencia quemándoles la sangre, cuando no pudieron hacer mella desde su activismo social y político, contra la estructura monolítica del sistema, lo saben.
Quienes soñaron y lucharon por cambiar la realidad de una patria dolida, saqueada por los mismos de siempre -grupos minoritarios y voraces-, entienden, hoy, las señales de los tiempos.
Reconocen, sobre todo los viejos que llevan aún tatuados en la piel sus sueños de justicia, que desde los tiempos de Lázaro Cárdenas no se perfilaba un horizonte de equidad, con las condiciones objetivas y subjetivas favorables, como sucede ahora.
Esa generación casi extinguida de hombres y mujeres, también dejó raíces en el Valle del Yaqui, cuando recibieron de manos de Tata Lázaro la esperanza social del ejido, hace 91 años, convirtiéndose en el símbolo de una transformación incompleta, porque con el tiempo, luego de concluido el mandato cardenista, su luminoso espíritu, su doctrina, su “sol redondo y colorado”, la revolución pacífica de los agraristas en el campo y de los obreros en las ciudades, se fue apagando, diluyéndose, muriéndose…

Desmantelaron el ideal cardenista
Asesinaron en 1953 al Machi López en Cajeme, uno de los propiciadores de los comités campesinos que fueron núcleo organizativo contra los latifundios, dándole funcionalidad comunal a los ejidos.
Persiguieron, los nuevos gobiernos federal y de los estados, a Jacinto López, Ramón Danzós Palomino, Vicente Lombardo Toledano.
No permitieron en Cajeme, que Rafael Contreras Montéon (El Buqui), fuera presidente municipal en 1958.
Poco a poco, con el síndrome de la corrupción, muchos ejidos sucumbieron, y las grandes extensiones de tierra de cultivo y agostadero, volvieron, junto con el agua, a ser propiedad de unos cuantos: de los eternos dueños del poder económico, quienes conjugaban y conjugan su visión estratégica de futuro con el poder político.

¿Vendrán cambios de gran calado?
Actualmente, sobresalen varios proyectos progresistas por parte del nuevo gobierno federal; algunos ya anunciados sobre la mesa de la República. Otros, los más audaces y de gran calado que se prevé sustenten la fortaleza de la Cuarta Transformación en su dimensión histórica, no son revelados aún; pero quizás están fraguándose en las fundamentaciones de una filosofía social y política no aplicada en México, y que mantiene inquieto al grupo minoritario de capitanes del dinero, cuya única ideología que respetan es la del poder en todas sus manifestaciones.

Sectores privilegiados, avizoran amenaza
¿Logrará Andrés Manuel López Obrador desde el imperio de la ley, dándole vigencia verdadera al texto constitucional y reformando preceptos, el objetivo que la gente espera?
¿Lo detendrán en su visión de Patria, el hundirse en los mismos errores en que cayó Francisco I. Madero, abriéndole las puertas de su gabinete y de su gobierno a la resaca del porfirismo, por un extremo sentimiento de tolerancia y bondad?
¿Le impedirán la transformación del país, el hecho de que no prevea las estructuras legales de continuidad a futuro sobre programas revolucionarios que se encuentren en plena marcha, ante la llegada de nuevos gobiernos con distintas ideologías e intereses, como le sucedió al General Cárdenas, cuyo horizonte social fue desmantelado, incluyendo la expropiación petrolera durante el sexenio en agonía de Enrique Peña Nieto?
Lo único cierto, hasta el momento, es que para millones de mexicanos se abre una esperanza, como nunca; la primera del Siglo XXI. Pero, para algunos sectores fuertemente privilegiados durante 90 años, se cierne, según su propia percepción, una amenaza.
La nueva historia de México, está por escribirse.