Bernardo Elenes Habas
Quiere, la ciudadanía, las familias –así me lo dicen en mis recorridos cotidianos-, que la principal fuerza del Ayuntamiento, su Cabildo, unifique también voluntades para exigir un alto a la violencia y pasar, así, a la historia, ahora cuando Cajeme está a punto de cumplir 91 años como Municipio.
Han demostrado –me expresan- los regidores de todas las bancadas, que saben conjuntar esfuerzos demandando justicia en el caso del Organismo Operador de Agua Potable que está a un paso de la huelga; en las exigencias de investigación sobre presuntos hechos de corrupción en administraciones anteriores. Todo ello, ciertamente importante.
Pero, inevitablemente, en esas demandas se detecta una raíz político-partidista, y hasta preparación de terreno para futuros repartos de poder, dejando entrever incapacidad para conjugar sus fortalezas de representantes populares y levantar la voz exigiendo justicia y paz, para que la sangre, los asesinatos abominables, dejen de ser sinónimo de Cajeme, para que no siga destacando el nombre del Municipio a nivel nacional por su tejido social, su alma seriamente lastimada.
La sociedad en su conjunto sopesa la actuación de los integrantes de Cabildo. Apoya, desde su dimensión de análisis y capacidad crítica, los posicionamientos que sobresalen en las sesiones realizadas, hasta ahora.
Y, precisamente, con ese criterio, mira, pulsa, que lastimosamente la combatividad del Cabildo está olvidando un tema crucial, que hiere a las familias, que les quita seguridad, que les causa incertidumbre, que las hace caer en los límites de la psicosis por la forma en que la delincuencia se ha apoderado de las calles, de los espacios públicos, de las viviendas y hasta de las iglesias, porque ha sido capaz de asesinar en el interior de los templos.
Pero tan graves hechos con sus días y noches de terror, no los comparten las señoras y señores regidores, quizás porque los separa la línea de responsabilidades y consideran que le corresponde al Estado y a la Federación combatirlos.
Pero no. La muerte, los asesinatos no tienen rango, niveles, jurisdicción. Sencillamente se ejecutan y envuelven y estrujan el alma de una sociedad que se siente indefensa, terriblemente abandonada.
¿Cuándo, las voces altas y justicieras de los regidores que más solicitan la palabra en las sesiones de Cabildo y enjuician sin empacho, convencidos de que la verdad les pertenece, saldrán en defensa de sus representados en esta temática crucial?
¿Cuándo, integrarán un frente compacto y solidario para exigir de viva voz y por escrito al parlamento local, al Gobierno del Estado, al Congreso de la Unión, que pongan atención en Cajeme, dándole seguimiento, hasta lograr respuestas?
¿Cuándo, dejarán de autoimponerse límites, rangos de acción, para rebasar linderos estatales y federales y luchar sin tregua, con el coraje y la valentía que están demostrando en otras causas, para mantener un reclamo con un frente permanente, sin desmayos, y lograr que se atienda en forma efectiva, urgente, la demanda de las familias que representan, las que tienen derecho a vivir en paz, pero que hasta ahora sienten, porque lo palpan todos los días, que la violencia crece, que se recrudece, que cualquier niño, joven o adulto, hombre, mujer, inocente, puede estar en algún momento en el punto exacto de la muerte, por fuego cruzado, como ya ha sucedido?
¿Cuándo, igualmente, las organizaciones sociales, las cámaras empresariales, los cultos religiosos, los productores, los grupos deportivos y culturales, el magisterio, universidades, medios de comunicación, todos los que tienen voz y anhelan un Cajeme de trabajo, pacífico y progresista, pedirán la paz y la palabra?
¡Pero esto tendría que ser en una acción legítima, comprometida, de fondo, no para tomarse la foto y dar declaraciones, sino para plantarse ante el Congreso, ante el Gobierno del Estado, ante las Cámaras de Diputados y Senadores, hasta que las actitudes crezcan y se vuelvan clamor y filo las demandas, hasta lograr ser escuchados de verdad, antes de que sea demasiado tarde!
¿Cuándo?