Bernardo Elenes Habas
Rafael Ángel Rentería González, se había ganado a pulso su credencial de luz como El Poeta Regional en Cajeme, desde los 60, cuando contaba con 21 años de edad.
Oriundo del mineral Pilares de Nacozari, Sonora, fue llevado niño por sus padres a la ciudad de Hermosillo, donde realizó estudios de nivel medio y profesionales de Contaduría Pública en la Universidad de Sonora. Luego, abriría sus horizontes hacia Cajeme, para radicar definitivamente en Ciudad Obregón, comunidad a la que amó y en la que vio florecer a su familia, y están sepultados sus restos.
Heredero de la vena poética de su señora madre, Ana María González, quien publicaba poemas de fina factura en la estupenda sección literaria La Cultura en el Noroeste, que mantuvo algún tiempo el periódico Tribuna del Yaqui, dirigida en los años 60, 70, por el periodista y poeta Bartolomé Delgado de León.
En ese espacio creativo, comparecía domingo a domingo Ana María González con el seudónimo de Ana Mabel Meraz, al lado de Héctor Navarrete Dondé, José L. Guerra Aguiluz, Andrés Cevallos, José María Ibarra Gutiérrez, Jorge Lara Castellanos, Magda Irma Palomares, Ramón Iñiguez Franco, Carlos Enciso Ulloa, Enrique Islas, el mismo Rentería, Alí Sierra, Rigoberto Badilla, entre muchos talentos más.
Oficial Mayor del Ayuntamiento
El poeta pilareño incursionó en el servicio público, desempeñándose por nueve años consecutivos como Oficial Mayor del Ayuntamiento de Cajeme, esto es, en las administraciones de Ángel López Gutiérrez, Javier Bours Almada, Luis Antillón (quien murió a las semanas de su postulación, siendo relevado en el cargo, sucesivamente, por los regidores José Romano Félix, Carlos López Arias y Alfonso Hernando Pola.
Espléndido manejador de la preceptiva literaria, Rentería González; quien, a lo largo de su devenir poético, publicó varios libros: Dentro y fuera del tiempo, 1974; Trapecio al infinito, 1985, que tuve el honor de prologar; Cantos de la vida y de la muerte, 1990; Retratos hablados, 1993, y La explosión, 1997, este último dedicado al Héroe de Nacozari, Jesús García Corona. La mayoría de las viñetas y portadas de sus libros, fueron diseñadas por Jesús Arnoldo Elenes Habas, mi hermano.
Cantor de Jesús García
El libro La explosión, se constituye en un homenaje del poeta Rentería, a la odisea heroica de Jesús García Corona, ferrocarrilero que salvó, el 7 de noviembre de 1907 a la comunidad de Nacozari de un accidente que hubiera sido de grandes proporciones, al sacar el tren incendiado con carros cargados de dinamita del poblado, para que estallara en la lejanía, sacrificando su vida y alcanzando, por ese acto sublime, la designación de Héroe Blanco de la Humanidad.
El texto es, en sí, una recopilación de testimonios diversos. Cantos, corridos, poemas, sobre la hazaña de García Corona, donde se incluyen, por supuesto, sus versos señeros, endecasílabos de rima consonante, que en su parte final expresan: “Hombre de paz, que sin usar cañones/ tu sangre diste y hoy brilla como flama./ ¡Sacrificio que lleva mil razones/ para el mundo, que Héroe te proclama!/ ¡Héroe Blanco! fue el grito de la historia./ ¡Héroe puro! te nombra la Nación./ Por tu gesta grandiosa, toda gloria/ se te entrega, a la par que el corazón./ Porque guardas los restos inmortales/ de quien su vida y bienestar truncó,/ tu historia, Nacozari, en los anales/ con laureles y olivos se escribió./ Hubiera sido tu ciudad desierta,/ tus hijos a miseria reducidos,/ si en nuestra Humanidad, mezquina y yerta,/ no florecieran seres desprendidos./ Aquí descansa en paz JESUS GARCIA…/ ¡Silencio, su reposo respetad!/ Y en silencio digamos con porfía:/ ¡Venimos a admirarte! ¡DESPERTAD!”.
Rapsodia a Cajeme
En 1977, siendo presidente municipal el doctor Oscar Russo Vogel (1976-1979), Cajeme llegó jubiloso a su primer cincuentenario de haber sido erigido Municipio, debido a la visión de desarrollo comunitario de los habitantes de la, hasta 1927 Comisaría de Cócorit; y, esencialmente por las gestiones políticas del General Álvaro Obregón, que había instalado su residencia en la Hacienda Náinari, luego de haber cumplido su periodo en la Presidencia de la República.
Por tal motivo, el poeta Rentería y el músico Ángel Minjárez Osuna, quien en ese tiempo amenizaba con su grupo el ambiente nocturno del Hotel Costa de Oro, conjugaron talentos y crearon la Rapsodia a Cajeme.
Surgió, así, un disco LP, con el apoyo de Russo Vogel y de su primer regidor Rafael Ángel Fierros, interpretado por la Orquesta Cincuentenario y un notable coro, integrada por jóvenes alumnos de la Academia Municipal de Música que dirigía Minjárez Osuna, herencia imborrable del Maestro Cirilo Magdaleno.
La rapsodia iniciaba con un precanto declamado, que decía: “El Estado de Sonora/ está de fiesta/ ¡Cajeme, Municipio!/ por su cincuentenario/ luce sus galas/ en la floresta,/ como principio/ de aniversario”.
Y la orquesta deslizaba su música suave para que entrara el coro con el canto primero, lleno de emotividad: “Para sentir la historia y el principio/ que creó al indio yaqui y a su valle/ diremos que son alma de un gran río;/ como también Cajeme, el municipio/ que tiembla de pasiones, y al hastío/ sacude febrilmente, aunque estalle”.
El canto segundo, crecía: “Los bien trazados surcos de su tierra/ parecen abanicos abiertos bajo el sol;/ y concentran fulgor de los luceros/ en el Valle del Yaqui, que lo encierra,/ para brindar al hombre sus esmeros/ fundidos con amor en un crisol./ Para quitarle al hombre desengaños,/ Cajeme con pasión, se ha dado tanto/ que el progreso en su cauce se desboca;/ y en la lid o en la fiesta, en pocos años,/ su fuerza y juventud luego la enfoca/ a crear una ciudad de pleno encanto”.
La música, el coro, los conceptos fluían armoniosamente, en el canto cuarto: “Tu amalgama de hombres y de ideales/ al calor de los soles y las brisas/ borra el odio, dolor y mil resabios; y al llevar su memoria a los anales/ puede ver, satisfecha, que tus labios/ dibujan rosas al brindar sonrisas./ Y al sentir con pasión todo tu brillo,/ y el valor de tu joven corazón/ hoy escoge cincuenta perlas bellas/ de gotas cristalinas del rocío,/ y festeja con luz de las estrellas/ medio siglo en tu historia: ¡Obregón!”.
El poeta regional
Rafael Ángel Rentería, era, pues, el poeta regional. Pero también cantor del hogar, de la amistad, de la esencia civil de las instituciones.
Así, le dio vida al Himno al Benemérito de las Américas, con música de Minjárez Osuna, cantado por 6 mil alumnos de escuelas primarias en el estadio Tomás Oroz Gaytán, el 18 de julio de 1972, durante ceremonial por el centenario del fallecimiento de Benito Juárez García. Acto en el que los niños estudiantes de esa época corearon el Juramento a Juárez, declamado por el licenciado Fernando Arreola Rodríguez, secretario del Ayuntamiento en la administración presidida por el doctor Alfonso Hernando Pola.
Creó, en su momento, la Marcha de Policía y Tránsito, marcha a la Escuelita de Beisbol Obregón, y participó en festivales nacionales de canción, obteniendo sonados triunfos al lado del compositor José Manuel Franco Gámez.
Rafael Ángel Rentería González, pilareño de nacimiento, juglar de su tiempo, quien sembró su vida y sus versos, en el Valle del Yaqui.