Bernardo Elenes Habas

Hace dos años –diciembre 4 de 2016-, murió Ramón Íñiguez Franco. Periodista, escritor, poeta. Sin duda, un personaje singular en el universo que supo construir dentro de las actividades creativas y la promoción y difusión cultural.

“Cualquier día/ dejaré la herencia/ exclusiva de palabras/ en las paredes de la vida/ y te contaré la historia verdadera/ sin tristezas…”. Canta, con voz emocionada, el fragmento de uno de sus poemas contenido en su libro “Memoria a golpe de teclas”, publicado por el ITSON en 1985. Y efectivamente la heredad para Cajeme, su gente, sus generaciones actuales y venideras, por parte de Ramón, son sus palabras. Sus poemas. Sus crónicas de caminos y distancia. Pero, esencialmente, obras perennes como la Biblioteca Pública “Jesús Corral Ruiz”, donde su visión, aunada a la de su compadre Rodolfo León Manzo, quien luego de ser consejero de la Junta de Progreso y Bienestar, fue alcalde de Cajeme (1973-1976), se constituyó en raigambre que hizo y hace brotar, día a día, las ramas de sus sueños.

Grupo Cultural Siglo XX

Llegó al Valle del Yaqui, desde su natal Guadalajara, en 1968, con la juventud a flor de piel, ejerciendo su profesión de periodista. Enseguida tuvo a su cargo la Unidad Deportiva de la colonia Constitución. Luego, en 1973, fundó la Biblioteca, donde nació aquel Grupo Cultural Siglo XX, lleno de rebeldía y luz, en el que conjugábamos esperanzas culturales y sociales María Gloria Carbajal, Jesús Antonio Salgado, Rigoberto Badilla, Daniel Delgado Saldívar, Luis Alfonso Valenzuela, Ramón Cruz, Ricardo Nieblas, Antonio Fonseca, José Manuel Franco, Luis Alfonso Othón, Horacio Soto, entre muchos poetas, músicos y compositores, que forjamos el alma del recinto, con ciclos de lecturas de poesía, audiciones musicales, obras de teatro.

Coordinó, posteriormente, el trabajo editorial en el ITSON con la colección “Granos de trigo”; le dió forma y vigencia a los “Juegos Trigales del Valle del Yaqui”; le entregaron en el 2008, la presea de Ciudadano Distinguido de Cajeme, y llevaba en el pecho, como medalla luminosa, su amor por Sonora, por Cajeme, por Navojoa: espacio de nacimiento de su esposa, la poeta Magda Irma Palomares, con quien procreó una familia ejemplar.

Las literarias del Diario

Las páginas literarias de Diario del Yaqui, estaban revestidas de un singular esfuerzo y tradición.

El mismo Jesús Corral Ruiz, fundador de esa empresa periodística en 1942, procuró, siempre, un espacio para que la semilla de la poesía y la narrativa tuvieran parcela donde reventar en espigas luminosas.

Coordinando esa sección brillaron con luz propia el mismo don Jesús, Bartolomé Delgado de León (la etapa más trascendente, porque sumaban esfuerzos en los Domingos Literarios, integrantes del Grupo Cultural Ostimuri creado en 1953-54, como Miguel Sáinz López Negrete, Bartolomé, Juan Eulogio Guerra Aguiluz, Alberto Santana, Jesús Grijalva, Herón Padilla, José L. Guerra Aguiluz, Jorge Lara Castellanos, Héctor Navarrete Dondé, Jorge García Sánchez, Gabriel Amézaga, Humberto Rodríguez Durán, entre muchos oficiantes de la pluma, el pincel y el pentagrama), Carlos Moncada Ochoa,

Héctor Mass Conant, José Escobar Zavala, Moisés Ortiz López.

Moisés, quien también se desempeñaba como reportero en el Diario, me entregó en 1983 los “Domingos Literarios”, mismos que resembré con nuevos diseños, bajo el título de “Taller de Literatura”. Surgieron nuevos creadores que fortalecieron tan importante espacio de letras, sueños e ideas, hasta 1993, en que vino a mi relevo Ramón Iñiguez Franco con una nueva bandera: “Quehacer Cultural”, que dirigió hasta su muerte en el 2016.

Desgraciadamente este suplemento se extinguió junto con la muerte de Ramón, de la anatomía vital del Diario, al ser vendida la empresa fundada por don Jesús Corral Ruiz, en diciembre de 2017. Como también desapareció desde 1973 el suplemento “La Cultura en el Noroeste”, que comandaba Bartolomé Delgado de León, en Tribuna del Yaqui, dejando a escritores y poetas sin papel y tinta donde publicar y entregar sin egosimos las obras literarias que acumulan en sus archivos o en el horizonte de su creatividad desbordada.