Bernardo Elenes Habas

 

La heredad de María

Soy el dueño de las aves

que surcan el cielo rumbo al valle

en el invierno.

Me las regaló María, mi madre,

cuando niño.

Yo le preguntaba, emocionado,

en la mitad del patio del chiname,

cuando el viento del invierno

bajaba aullando de la sierra,

golpeando el espejo

grisáceo de las tardes

que querían convertirse

en equipatas,

de quién eran tantos pájaros…

-Son tuyos –respondía

con voz suave,

mientras mirábamos

el vuelo de gorriones y palomas.

-Son tuyos, pero tienes

que cuidarlos

para que llenen los árboles

con nidos,

para que vuelen sus canciones

por el viento

y se metan al alma dormida

de la gente…

Yo le creía a mi madre.

Mujer que me enseñó a escribir

sobre la tierra,

donde sembraba palabras

como sol, viento, caminos,

las que repasaba lentamente

con mis dedos

sin saber que su savia se volvería

torrente de mi sangre.

Desde entonces

las aves que cruzan

rumbo al valle,

a mí me pertenecen,

y con la magia de la vida

las convierto en poemas

para que vuelen,

durante este invierno

y siempre,

al encuentro del corazón

sencillo de seres

como tú…