Bernardo Elenes Habas
Hace frío. Llueve.
Tiembla la fronda de los árboles, con el silbido del viento nocturno.
Los pájaros del alba congelan su vuelo, en el silencio de un valle aterido.
Hace frío por la presencia de heladas que cortan con su filo la piel, como sucedió en 2011, 2013. Pero también en los años 60, cuando los agricultores compraban llantas viejas para quemarlas circundando sus predios, en un esfuerzo por salvar sus siembras, como pasa ahora.
Hace frío. Pero el ambiente político se calienta en Cajeme, en Sonora.
Y es que los oficiantes de ese quehacer tienen cierto que es en el 2021, cuando afloran las campañas y tienen efecto los procesos electivos, pero que la actividad cierta, los preparativos de fondo, la ingeniería encaminada a construir caminos y puentes hacia el poder público, comienza en el 2019. Es decir, desde ahora mismo.
Y como el año comienza, y con él la carrera de los protagonistas confesos y de aquellos que podrían dar sorpresas, se vuelve imprescindible hacer un somero análisis de la realidad que se sopesa en Sonora, sin los apasionamientos propios de quienes defienden causas, sino con la visión de un ciudadano que le toma el pulso a su entidad, día con día.
Por supuesto, primero desear un año venturoso a amigos y lectores. Aquellos que mantienen una actitud crítica respetable y cuya inteligencia y sensibilidad no es rebasada por pasiones y fanatismos, sino que “beben el vino por vino y beben el agua por agua”, como bien define en sus coplas de juglaría Alberto Cortez.
Es notorio, por ejemplo, como Ricardo Bours, con sus divisas políticas y económicas, mantiene en movimiento su proyecto hacia la gubernatura de Sonora, con el respaldo principalmente de sus hermanos, el ex gobernador Eduardo y el actual regidor del Ayuntamiento de Cajeme, Rodrigo, quienes buscan estar en los escenarios mediáticos para que el apellido Bours no se diluya en la indiferencia de una sociedad que consolida su politización y que se mantiene más informada que nunca a través de las redes sociales, y apunta hacia la lucha de clases.
Será, sin duda, una tarea muy difícil para Ricardo, quien tiene en su contra la reyerta que emprendió contra su propio partido y los personajes que se encuentran en su estructura de mando, renegando de los métodos utilizados en la nominación de candidatos durante el 2018, procedimientos que conocía perfectamente y había sido beneficiado con ellos en algún tiempo junto con su familia, por dedazos ominosos, lo que no le daba derecho a oponerse en las internas del 2018, porque inevitablemente –lo sabía- sería derrotado, como le sucedió en su momento a Rafael Contreras Montéon, El Buqui, en 1958; o bien a Raúl Acosta Tapia, Juan Leyva Mendívil, cuando pretendieron la candidatura por la alcaldía, pero que, sabedores de la mística perversa del PRI, desde el fondo de su experiencia mojaron su pólvora, disciplinándose y retomando el rumbo, que, posteriormente, les dio beneficios, al primero en el ámbito federal, al segundo en la estructura estatal.
Quizás el tricolor no tenga contemplado a Bours Castelo, para dentro de dos años. Y el mismo Ricardo lee, con resignación, los signos de los tiempos al señalar, en entrevistas que propicia ante los medios, que si no es por el PRI lo haría, quizás por el carril independiente, desechando la alternativa de Morena, tal vez porque busca ser congruente y no incrustarse, como lo han hecho otros priístas y panistas, en el tejido filosófico de la izquierda, en la que no cabe, salvo que pierda sus valores ideológicos y pretenda estar en el juego electoral a costa de lo que fuere.
También mueve su capital político Ernesto Gándara Camou, El Borrego, quien ya realizó dos precampañas triunfadoras, aunque se le atravesó el poderío de su partido, y precisamente con el hermano de Ricardo, Eduardo, quien siendo gobernador de la Entidad le abrió un sendero exclusivo al caballo del Vaquero Alfonso Elías Serrano, arrasando en las internas desde el señorío del Gobierno del Estado con las pretensiones de Gándara Camou, en el 2009; pero cayendo Eduardo y sus sueños que apuntaban hacia Los Pinos, junto con Elías Serrano, en el proceso constitucional ante el panista Guillermo Padrés Elías.
Posteriormente El Borrego Gándara, buscó de nuevo darle horizonte a su sueño, pero fue sentado por la fortaleza de Manlio Fabio Beltrones, quien operó para que una mujer llegara a la gubernatura, Claudia Pavlovich, quien transita el sexenio 20015-2021.
Hoy, en la devastada estructura priísta tienen claro sus ideólogos y prohombres, que necesitarán un candidato que garantice el contacto con la ciudadanía. Capaz de sembrar confianza en un terreno difícil, donde Morena viene ya cosechando a través de sus alcaldías y sus legisladores locales y federales, la continuidad de una lucha de fondo que inició el 1 de julio de 2018, cuya semilla podría ser una espiga poderosa en el trayecto hacia el 2021.
Y es que Morena, cuenta en sus filas con elementos que podrían consolidarse desde la función pública y en las estructuras del Congreso de la Unión, como son los casos de Alfonso Durazo, Javier Lamarque, o bien, Ana Gabriela Guevara bajo las siglas del PT, sin dejar de lado a Patricia Patiño, quien ya comienza a tejer su estructura fundamentada en el tejido de las mujeres; y desde luego, en el alcalde de Cajeme, Sergio Pablo Mariscal, quien podría hacer la hombrada reconstruyendo a Cajeme en lo físico, lo moral y lo ideológico, y abrirse paso en la batalla que viene.
En el PAN, es evidente que pese a los esfuerzos que se vienen realizando en Sonora, no les alcanzará para estar en el juego del 2021, porque sus mejores cuadros han desertado, y la sombra de Guillermo Padrés, pese a los aspectos legales que se manejan, sigue representando la oscuridad en la conciencia mayoritaria de la Entidad.
Del PRD, no vale la pena quemar verbos y adjetivos, porque está muerto y así seguirá.
Con respecto al PRI, este partido tendrá que repensar las estrategias de la empresa electoral que ya está en marcha. Y no precisamente bajo las premisas anquilosadas de tiempos pretéritos, sino sabiendo interpretar los signos de los tiempos, sacrificando intereses, amiguismo, compadrazgos, complicidades de poderío, ambiciones personales. Comprendiendo sus operadores que una verdadera democracia requiere alimentarse de consensos y disensos. De pesos y contrapesos. De ofertas legítimas que satisfagan la inteligencia, la sensibilidad y la memoria de la ciudadanía.
Y este partido, debe analizar que no solamente tiene para Sonora a Ricardo o a Ernesto, sino a alguien que no ha sido vencido en las urnas, que posee carisma y cuenta con la aceptación probada de miles de sonorenses; quien podría medirse, para triunfar o ser derrotado en el 2021, por Durazo, Lamarque o Guevara: Rogelio Díaz Brown.
Le saludo, lector.