Por: Bernardo Helenes Habas

Eduardo Castro Luque, no pudo llegar, hace siete años, a rendir protesta al parlamento de Sonora como diputado electo por el Distrito XVII Cajeme.

Eduardo Castro Luque Distrito XVII

Dos días antes de que tuviera efecto el ceremonial republicano, le arrebataron la vida a balazos.

Fue un hecho perverso que lastimó, profundamente, a los sonorenses, quienes reafirmaban con ese tipo de comportamientos su desconfianza en muchos de los integrantes de la clase política, aquellos que carecen de escrúpulos y no miden consecuencias cuando avanzan con ambición ciega en pos del poder. Tal como sucedió ayer. Como sucede ahora…

Ayer, en la víspera de la fecha en que asesinaron a Eduardo, quien mantenía lazos de amistad y de oficio con el quehacer periodístico (dirigía una empresa de publicidad, diseño y promoción), se diseminó rápidamente la noticia de que en Zapopan, Jalisco, habían aprehendido al supuesto autor intelectual del asesinato del diputado electo, Manuel Alberto Fernández Félix, quien fungía como suplente en la citada fórmula electoral por el PRI.

Hay, ciertamente, cuatro personas que desde el mismo año del crimen fueron detenidos por su participación en los hechos sangrientos: Sergio Román Gil, Juan Manuel Rodríguez Hernández, Wilbert Joel Sánchez y Wilfredo Álvarez Félix, quienes, como aseguró en esos días el Procurador de Justicia de la administración de Guillermo Padrés, Carlos Navarro Súgich, estaban confesos de su participación.

Ahora, con la detención de Fernández Félix, deberán reafirmarse los elementos de investigación de hace siete años, o bien, surgir nuevas vertientes que vengan a arrojar luz en tan lamentable caso.

El 14 de septiembre de 2018, cuando se cumplían seis años del asesinato de Eduardo, publiqué la crónica que hoy pongo nuevamente a la consideración de mis lectores:

Eduardo Castro Luque 2

Hace seis años asesinaron a Eduardo Castro Luque.- No le permitieron llegar al 16 de septiembre, cuando rendiría protesta como diputado local por el Distrito XVII, Cajeme.- Otros crímenes políticos en el Municipio han sido los de José Moreno Almada, 1937; y El Machi López, 1953.

Eran las 8:30 de la noche, cuando la sed de poder, descargó su calculada frialdad metálica, a través de un asesino a sueldo, en Eduardo Castro Luque.

Diez balas vomitadas por una pistola calibre .45, cegaban la vida en el umbral de su hogar, el 14 de septiembre de 2012, hace seis años, al diputado electo por el PRI, quien estaba listo para rendir protesta en dos días más, ante el seno del parlamento local de Hermosillo, como integrante de la LX Legislatura, al lado de los también cajemenses Luis Alfredo Carrasco Agramón, Abel Murrieta Gutiérrez, Abraham Montijo Cervantes. A cuyo ceremonial republicano no llegó.

Le impidieron jurar cumplir y hacer cumplir las leyes a favor del pueblo de Sonora, el arma accionada no solamente por el cruel homicida, sino por mentes enfermas de ambición, subyugadas por un sistema inmerso en la corrupción que los alentaba llegar al tejido del poder público a través de una brecha retorcida, para saciar ambiciones ciegas.

Campaña triunfadora

Eduardo Castro Luque, del mesón político priísta de Ricardo Bours Castelo, había desarrollado una campaña triunfadora, la que comenzó a perfilar meses antes del proceso, cuando se desempeñaba como presidente de la Cámara de Comercio de Ciudad Obregón.

Cortejo Machi López

Su contacto con los electores del Distrito XVII, fue directo y constructivo. Yo lo vi. Cubrí, como reportero, tramos de su campaña. Su especialización en mercadología comercial y política le proporcionaban las herramientas que lo volvían confiable, principalmente ante las familias a quienes exponía, acompañado algunas veces por su suplente, Manuel Alberto Fernández Félix, de 24 años de edad, sus proyectos de seguridad pública, gestoría y promoción para anclar inversiones fuertes en Cajeme, capaces de detonar en empleos, y consecuentemente en progreso.

La misma noche del 14 de septiembre, la noticia del asesinato de Eduardo (había sido presidente de Canaco Obregón, titular de relaciones públicas en la Expo Obregón, promotor del Club de Beisbol Yaquis), se desparramó como una lluvia ácida, llenando de incertidumbre y dolor el alma de Cajeme.

Ciertamente, la comunidad no sufría un hecho de esa magnitud en el tejido político, desde la muerte del líder agrario Maximiliano R. López, El Machi, en la puerta de su casa, por la calle Coahuila, entre Seis de Abril y Jesús García, en noviembre de 1953; y más atrás, en 1937 del alcalde electo José Moreno Almada, quien, faltando doce días para asumir la presidencia municipal de Cajeme, fue muerto a balazos.

El primer Cronista de Cajeme, Miguel Mexía Alvarado, relata así los hechos en su libro señero Cajeme de Ayer:

“Al parecer, Pepe (José Moreno Almada) fue a reclamarle en términos nada cordiales al Presidente Municipal, Mayor Felipe Ruiz, la detención de sus amigos que habían sido acusados de distribuir un volante ofensivo contra las autoridades. Esto sucedió en las oficinas del Ayuntamiento, frente al comandante de la policía, Enrique T. Ceceña. Nunca se aclararon suficientemente los hechos, pero la versión oficial fue que éste último cortó la discusión abatiendo a tiros a Moreno Almada. Ceceña fue a dar con sus huesos a la cárcel, declarando que se vio obligado a disparar contra Moreno Almada cuando vio que éste hizo un ademán dando la impresión de que iba a sacar un arma para agredir a su jefe”.

El alcalde interino, quien suplía en esos días a Francisco Urbalejo, era el Mayor Felipe Ruiz, padre de quien sería, con el tiempo, notable periodista de Cajeme, Jesús Corral Ruiz.

Fernández Félix, autor intelectual

Las indagatorias realizadas por la Procuraduría General de Justicia de Sonora, a cargo en ese sexenio de Carlos Navarro Súgich, confirmaron que el autor intelectual del homicidio del diputado electo Eduardo Castro Luque, había sido su suplente, Manuel Alberto Fernández Félix, “quien buscaba asumir su cargo con las prerrogativas y beneficios que esto conlleva”, expuso en conferencia de prensa.

Aseguró, asimismo el fiscal, que “el suplente, de apenas 24 años de edad, planeó y preparó el homicidio junto a otros cuatro jóvenes por intereses personales, económicos y políticos”.

La herida está abierta

Pareciera que al dar por cerrado dicho caso por los órganos procuradores y administradores de justicia, todo quedase resuelto y sepultado por el olvido.

Pero, realmente no es así:

Porque el dolor y la pena de las familias indirectamente involucradas subsiste, como gota de fuego que lastima eternamente sentimientos.

Y aunque se perciba como un caso concluido, las circunstancias y el recuento de hechos están ahí.

Junto a otros temas que son parte de la relatoría y de la lucha por el poder público. Verdadera herida abierta capaz de recordarles a quienes viven integrados al tejido político, ¿si valdrá la pena engañar, corromper, simular, difamar, y en el extremo de los casos asesinar, forjando caminos siniestros hacia cargos de representación popular