Por: Bernardo Elenes Habas

SISMO

Un día, el viento y sus presagios

regresaron.

Repasaron con la mano del tiempo

el pecho de la tierra.

Terremoto (foto El Mundo).

Se metieron entre el fuego de volcanes.

Impactaron el secreto de las grutas.

Hicieron que el hombre

cayera de rodillas.

Un día, después de la canción

deshojada por las horas,

la brisa adolescente

lloró a mitad de la mañana.

Llegaba, subterráneo,

Terremoto (foto BBC).

el grito de los siglos,

sacudiendo las sombras,

la distancia,

fracturando el horizonte

con el gorjeo estremecido de las aves.

Un día,

el destino estricto, inconmovible,

desandando caminos,

Terremoto (foto la vanguardia).

se bebió la tormenta y sus relámpagos,

arribó al punto exacto

de un calendario inolvidable,

para oficiar de nueva cuenta

la liturgia del dolor

y de la muerte…

Un día, brotaron del silencio

las manos extendidas de la gente,

el sentimiento anónimo

buscando resarcir

el hilo quebrantado de la vida,

enviar sorbos de fe entre los escombros,

donde palpitaba un corazón sin esperanzas,

resignado a morir

sin ver ya más los colores de la aurora,

sin sentir el sol entre las manos,

la lluvia en el rostro, sobre la piel

del alma…

Un día, llegaron tras el sonido

metálico de palas,

por el resquicio apenas perceptible,

la luz de las palabras,

repitiendo incesantes…

¡no están solos…!

como una multitud de voces solidarias…

Un día…