Bernardo Elenes Habas

Ramiro Castelo Delgadillo, era de la estirpe de Jacinto López, Ramón Danzós Palomino, Machi López, Bernabé Arana, aunque sus luchas fueron en etapas diferentes de la vida, pero con una misma raíz en los ideales.

Había nacido en 1937, cuando florecieron los ejidos en el otrora Valle latifundista, con el reparto de Tata Lázaro.

Creció en ese ambiente de ideales socialistas. Era apenas un adolescente de 16 años de edad, cuando fue asesinado cobardemente el Machi López (noviembre 26 de 1953). Hecho terrible que lo marcó para siempre y le confirmó el llamado de la tierra, su reparto justo, su repudio al latifundismo.

El viernes 10 de julio, murió Ramiro a los 83 años, abatido por el Covid-19, batalla que ya no pudo sostener y que lo obligó a sembrarse con sus ideales libertarios en la parcela de su pueblo.

“Falleció hoy nuestro Líder Histórico en la lucha agraria, Ramiro Castelo Delgadillo”, me compartió su tristeza en un mensaje de whatsapp, mi amigo Luis Alfonso Valenzuela Segura, la noche del viernes.

Y, ciertamente, Ramiro dejó huella abriendo cauce a través de la denuncia, los plantones, los señalamientos en un Valle que estaba y sigue estando, en unas cuantas manos, a pesar del reparto de noviembre de 1976, donde Juan de Dios Terán y Heriberto García Leyva, fueron protagonistas de las invasiones al predio agrícola 717, donde su suscitó la masacre de Río Muerto, con siete campesinos acribillados.

Eran los días de la ira. Cuando el presidente Luis Echeverría Álvarez, ejercía su último año de gobierno generando el llamado Pacto de Ocampo, para asestar  un golpe demoledor al Valle del Yaqui con el reparto de 37 mil hectáreas agrícolas y 61 mil de agostadero.

En esos avatares, desde antes del reparto, tenía sus manos metidas, su temperamento, su liderazgo Castelo Delgadillo, el muchacho aquel que jugaba béisbol en el Campo 30 y que soñó, alguna vez, junto con mi primo Francisco Ibarra Armenta, llegar a ser profesional, porque ambos eran de sobradas facultades deportivas.

Carlos Navarro López, de las raíces fundadoras del PRD en Sonora, mantiene en alto la figura y las luchas de Ramiro Castelo, a quien ubica como un símbolo de tenacidad y esfuerzo para que se abrieran los cauces de la afectación de latifundios en el campo sonorense, y como figura señera de las luchas sociales en el país.

“Ramiro es la figura principal, es el líder, tiene bajo su liderazgo a más de ocho mil campesinos que colocan banderas rojinegras en todos los ejidos; les enviaba comida cuando el ejército sitió el predio, cuando les taparon los canales para que no les llegara agua, pero ellos convencieron a los soldados para que durante las noches dejaran pasar el agua, entraran reses que los ejidos aportaban para que comieran. Fueron meses inolvidables y este hombre fue la figura principal de esa lucha”, dice Carlos, recordando Río Muerto.

Castelo Delgadillo mantenía la convicción de que los líderes auténticos jamás se jubilan porque deben de morir enarbolando sus banderas.

Durante los trienios municipales en Cajeme de Adalberto Rosas, Eduardo Estrella, Sóstenes Valenzuela Miller, Jesús Félix Holguín, Faustino Félix Escalante, Raúl Ayala Candelas, Javier Lamarque Cano, Ricardo Bours Castelo, Francisco Villanueva, Manolo Barro, Rogelio Díaz Brown, Faustino Félix Chávez, se le veía en los pasillos de palacio, gestionando a favor de campesinos y habitantes de colonias populares, con insistencia inquebrantable.

En ese lugar, mientras cubría la fuente como el reportero que soy, conocí muchas de sus anécdotas y de su carácter explosivo cuando por alguna razón, asomaba la llama de la injusticia.

En ese espacio y en las tomas de tierras, aprendí a valorarlo. Descansa en paz, Ramiro Castelo Delgadillo.