Bernardo Elenes Habas

En Sonora, la fase de entrada a la “nueva normalidad”, en realidad es un experimento riesgoso.

Cajeme, se convierte en uno de los epicentros de este laboratorio de inciertos resultados, donde la única certidumbre probada, real, fehaciente, es que la muerte tiene permiso, como el cuento legendario del escritor sonorense Edmundo Valadés.

Se trata de titubeos y probaditas, para medir los pasos en la arena movediza de una pandemia cuya agresividad no merma. Y si acaso lo hace un día, al siguiente ataca fortalecida, con más contagios y muertes.

Cierto, el Sector Salud, sus maravillosos héroes que combaten en la línea de peligro exponiendo sus vidas, cumplen con creces su admirable responsabilidad, hasta el extremo de morir contagiados por salvar a otros seres humanos.

Pero, desgraciadamente, existen segmentos de la sociedad que no han querido –ni antes, ni ahora- hacer conciencia de la letalidad del Covid-19, convirtiéndose temerariamente en agentes transmisores del virus. Primero, contrayéndolo irresponsablemente haciendo filas para comprar cerveza, promoviendo y participando en fiestas, recorriendo calles sin necesidad alguna; y lo más grave, sin protección. Esto, a muchos de ellos les ha costado la vida, pero también arrastrando gente inocente. Incluyendo a sus mismas familias.

Cajeme, como Sonora, mantiene el rojo que lo sitúa, de acuerdo al semáforo caprichoso del Gobierno Federal, prácticamente fuera de control.

Lo dijo ya, con autoridad y conocimiento de causa el secretario de Salud, Enrique Clausen Iberri, señalando preocupadamente que no es el mejor momento para la entidad pasar a color naranja, fase en la que se autoriza la apertura de más giros comerciales y de servicios no esenciales, porque se convierte esa decisión de burócratas, en puente de incremento en contagios, saturación de hospitales, y por supuesto, pérdidas de vidas.

‘’Honestamente, aún no estamos listos para ceder un milímetro de relajación. No podemos relajarnos aún. No es lo más conveniente’’, expresó en su llamado vehemente a los sonorenses.

Lo primordial –dijo-, es velar por la salud de los sonorenses por lo cual se debe seguir catalogando a la entidad en riesgo máximo, pues el bajar en la escala de colores del semáforo nacional podría ocasionar exceso de confianza y que se incremente la movilidad del virus.

‘’Más movilidad, significa más transmisión y eso no queremos para las familias sonorenses. Queremos que quede muy claro, no es el mejor momento para estar en naranja, tenemos que seguir cuidándonos”, recalcó.

Pero, no todos los funcionarios en los municipios, sobre todo cuando se trata de políticos que van en pos de alargar sus caminos en el servicio público, en los cargos de representación popular, miden el verdadero peligro, y hasta apelan al buen comportamiento y la responsabilidad de la gente, para bajar índices, evitando que crezcan las estadísticas.

Por eso las familias angustiadas. Las que han visto entrar a sus hogares la mano de la muerte, razonan contrariamente a esos personajes que aún confían en la buena conciencia de quienes no escarmientan y continúan su vida relajada, aunque se trate de pocos, arrojando el virus contra inocentes que no pudieron ganar la batalla por sus edades, sus enfermedades crónico-degenerativas, y el abandono social.

Creo que esas personas a quienes les importa poco la vida de los demás, porque no se quieren ni ellos mismos, no responderán al llamado de auto cuidarse. No lo hicieron desde el principio de la pandemia. Su egoísmo y forma de ser no se los permite, porque traspiran odio contra todos y contra ellos mismos.

Ojalá y resulte el experimento de colocar a Sonora y sus municipios en el camino de la nueva normalidad aunque el semáforo de la realidad sea rojo intenso, y que la reactivación económica no aumente el número de casos (no rebrotes, porque se vive una situación no controlada).

De lo contrario, se entrará en un círculo vicioso y perverso de incrementarse los contagios, procediéndose nuevamente a cancelar los planes de apertura de negocios y reactivación económica.

Lo expresó ya la gobernadora Claudia Pavlovich: “Como estado, hemos sido muy respetuosos de estas decisiones y confío en que todas y todos los que vuelven a la nueva normalidad harán lo correcto para no tener que cerrar de nuevo si los contagios se incrementan”.

No hay nada seguro, pues. Le saludo, lector.